Bajo la consigna del movimiento global #29M, decenas de familias se concentraron de forma pacífica para denunciar graves impedimentos de contacto, procesos de revinculación paralizados y la falta de respuestas institucionales. Aseguran que la burocracia desprotege a los menores.
Un profundo y doloroso reclamo colectivo se instaló en las escalinatas de los Tribunales de Familia. En el marco de una jornada de visibilización nacional e internacional impulsada bajo el lema “No más hijos rehenes”, un nutrido grupo de madres, padres y abuelos se concentró de manera pacífica para exigir una reforma urgente en los tiempos procesales y denunciar la vulneración sistemática de los derechos de niños y adolescentes atrapados en conflictivas disputas parentales. Con expedientes en mano, pancartas escritas a mano y lágrimas contenidas, los manifestantes expusieron el calvario de permanecer meses, e incluso años, completamente apartados de la crianza de sus hijos.
Los testimonios recogidos durante la movilización coincidieron en apuntar contra el colapso y la lentitud de los juzgados, advirtiendo que las demoras burocráticas generan secuelas psicológicas irreparables en los menores. Los organizadores de la marcha señalaron que el sistema actual permite la manipulación de los procesos a través de falsas denuncias e impedimentos de contacto arbitrarios, transformando a los hijos en botines de guerra. Asimismo, cuestionaron severamente cómo se llevan a cabo las audiencias de escucha de los menores, afirmando que muchos niños llegan condicionados o bajo el temor de discursos implantados por el progenitor conviviente ante la preocupante escasez de gabinetes interdisciplinarios especializados.
Entre los desgarradores relatos de la jornada, se replicaron historias de padres que denunciaron penalmente a las nuevas parejas de sus exesposas por presuntos abusos sin obtener medidas cautelares de protección efectivas, así como el calvario de mamás que se pierden cumpleaños enteros esperando que la Justicia destrabe una simple pericia psicológica para iniciar la revinculación. Con consignas claras como “Los niños en las plazas, no en los juzgados” y “Somos padres, no criminales”, las familias damnificadas advirtieron que continuarán movilizándose de manera sistemática hasta lograr que los magistrados y fiscales agilicen los expedientes, recordando que el tiempo que se les roba a los chicos en su infancia jamás podrá ser devuelto por ninguna resolución judicial tardía.
