El indicador nacional registró una contracción del 4,5% durante el mes de julio en comparación con el ciclo previo. Múltiples analistas del sector inmobiliario confirmaron que los niveles de edificación en la región muestran un retroceso sostenido cercano al 30% respecto a periodos de mayor dinamismo.
La retracción de los proyectos particulares afectó el ritmo habitual de la actividad que tradicionalmente impulsaba el mercado metropolitano. Diversos expertos del área constructora explicaron que el encarecimiento de los costos expresados en moneda dura generó una brecha insostenible frente a los precios de venta finales que convalida la demanda.
El respaldo de los trabajos estatales amortiguó de forma parcial el freno de los desarrollos inmobiliarios en el territorio santafesino. Varios operadores del plano financiero resaltaron que las empresas prefieren postergar el inicio de nuevos emprendimientos hasta que se normalice la relación entre insumos operativos y rentabilidad.
La expectativa del rubro se traslada a las recientes medidas orientadas a dinamizar los financiamientos para la vivienda propia. Múltiples agentes del fuero crediticio estiman que la canalización de fondos hacia préstamos de largo plazo permitirá destrabar la comercialización de unidades residenciales.
El mercado busca estabilizar sus variables para recuperar el nivel de empleo y ejecución en los próximos meses. Distintos referentes del plano gremial confían en que el crédito hipotecario funcione como catalizador para reactivar la industria en la zona.
