La Casa Blanca dio luz verde a un polémico entendimiento bilateral para impulsar el programa atómico en Oriente Medio. La medida permite al reino árabe acceder a tecnología para procesar combustible sin someterse a los estrictos controles internacionales vigentes.
El plan proyectado a tres décadas contempla la participación directa de firmas norteamericanas en la infraestructura atómica. La iniciativa genera fuertes resistencias políticas y geopolíticas porque abre la puerta al enriquecimiento local, factor determinante que podría derivar en el desarrollo de armamento estratégico regional.
Las comisiones bilaterales deberán evaluar la factibilidad económica de las plantas antes de iniciar las operaciones. Pese a prohibir la transferencia de conocimientos sensibles por diez años, el texto limita considerablemente el nivel de inspecciones externas, evitando la firma del protocolo tradicional de supervisión global exigido por los organismos reguladores.
La presentación formal del expediente ante el Capitolio anticipa un tenso debate legislativo entre los congresistas. La creciente rivalidad regional con Irán y la constante cautela de Israel mantienen en máxima alerta al escenario político internacional.
