El buque MV Hondius, que zarpó desde Tierra del Fuego en marzo, permanece bloqueado por las autoridades africanas tras un brote letal. A pesar de contar con pasajeros fallecidos y casos críticos, el gobierno local aún no autoriza el desembarco de los afectados para su atención médica en tierra firme.
La situación genera una fuerte tensión diplomática entre la naviera, los Países Bajos y los organismos internacionales de salud. La Organización Mundial de la Salud confirmó la presencia de hantavirus a bordo, mientras los familiares de los tripulantes y viajeros aguardan una resolución que permita evacuar a quienes necesitan cuidados intensivos urgentes.
La embarcación se encuentra actualmente en una parálisis administrativa que impide la asistencia sanitaria directa. Según confirmó la empresa Oceanwide Expeditions, Cabo Verde no ha concedido los permisos necesarios para trasladar a los enfermos a centros de salud, complicando el monitoreo epidemiológico de los cinco casos sospechosos detectados.
Entre los afectados se reportó un pasajero británico en estado crítico y dos tripulantes que requieren intervención inmediata. Aunque equipos médicos locales subieron al buque para realizar evaluaciones preliminares, la falta de una decisión oficial sobre el desembarco mantiene a toda la tripulación en una situación de incertidumbre extrema.
Por su parte, el Ministerio de Exteriores de Países Bajos coordina las tareas de asistencia al tratarse de una nave con su bandera. Las autoridades neerlandesas intentan organizar vuelos de repatriación sanitaria para los ciudadanos con síntomas, mientras se realizan pruebas de laboratorio para secuenciar el virus y determinar su alcance.
La Organización Mundial de la Salud instó a la calma asegurando que el riesgo para la población general es reducido. Sin embargo, el crucero continúa anclado frente al archipiélago sin una definición clara, mientras se aguardan los resultados de las investigaciones detalladas que permitan establecer cómo se originó el contagio.
Un drama humanitario que pone a prueba los protocolos de sanidad internacional en una ruta que conecta el sur argentino con las costas europeas.
