Tras liderar la cartelera en la calle Corrientes, la obra dirigida por Daniel Veronese inicia su gira nacional y se presentará el viernes 10 de julio en el Teatro Broadway. En una charla profunda, el actor reflexionó sobre el éxito, la felicidad, el presente de la industria audiovisual y el valor del público rosarino.
La cartelera teatral rosarina sumará una de las propuestas más potentes de la temporada invernal. El próximo viernes 10 de julio, a las 21:00, el escenario del Teatro Broadway recibirá a «Maldita felicidad», la pieza escrita por Agustina Gatto y dirigida por el prestigioso Daniel Veronese que viene de consolidarse como un suceso de taquilla en el Teatro Metropolitan de Buenos Aires. El desembarco no solo representa el inicio de la gira federal de la obra, sino que concreta el reencuentro sobre las tablas de una de las parejas de ficción más emblemáticas y recordadas de la televisión argentina: Pablo Echarri y Paola Krum.
El elenco, que equilibra trayectoria y solvencia interpretativa, se completa con el experimentado Carlos Portaluppi y aporta un fuerte guiño local con la participación de la actriz rosarina Inés Palombo. La trama de la comedia dramática se sumerge en las tensiones de Guido y Celeste (el matrimonio de editores), quienes celebran que la primera novela de Peter (Echarri) se convirtió en un inesperado best seller. Sin embargo, la velada se descarrila cuando el excéntrico y conflictivo escritor anuncia que firmará con un conglomerado editorial multinacional, desatando una serie de pases de factura, emboscadas vinculares y dilemas existenciales sobre lo que verdaderamente significa alcanzar el éxito y la realización personal.
En una conferencia de prensa previa al arribo a la ciudad, Pablo Echarri se mostró distendido y entusiasmado por reconectarse con el espectador local. El actor elogió las características de la platea de la ciudad, describiéndola como un público con una sensibilidad artística superior que escapa a los contenidos puramente pasatistas. «El rosarino y la rosarina son muy capaces de sacudir el espíritu con el arte. Esta obra tiene la hondura necesaria para hacerles pasar un lindo rato, pero también para dejarlos pensando», analizó el protagonista, destacando las virtudes de un guion que transita con fluidez desde el humor corrosivo hacia la interpelación emocional directa del espectador.
El proyecto significó además un cable a tierra para el propio recorrido profesional de Echarri, quien en el último tiempo estuvo fuertemente volcado a la gestión cultural y la producción sectorial. «Esta obra me devolvió el reencuentro con el oficio, el placer puro de subirme al escenario», confesó el actor, vinculando este refugio en el teatro con la compleja coyuntura que atraviesa la industria audiovisual nacional ante la parálisis de las ficciones televisivas y el desfinanciamiento del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (Incaa). La función en el Broadway promete ser una de las citas obligadas de las vacaciones de invierno, traccionada por la química intacta de una dupla que marcó una era en el espectáculo nacional.
