Científicos detallaron que el origen del fenómeno se debe a deslizamientos horizontales ocurridos a muy escasa profundidad terrestre. Los estudios de dinámica de fallas demuestran que el rozamiento de los sedimentos blandos acelera el proceso de colapso en cadena.
El desencadenante técnico radica en la redistribución de la energía acumulada por la fricción de los bloques continentales. La ruptura de la primera falla generó una perturbación mecánica tan severa en el subsuelo que empujó a una fractura contigua —que ya se encontraba en un estado de tensión crítica— a superar de inmediato su límite de resistencia elástica.
La coincidencia de ambos epicentros dentro de una misma red de fallas facilitó el traspaso instantáneo del quiebre subterráneo. Las placas tectónicas en constante deslizamiento horizontal actúan como un engranaje donde el movimiento de una sección activa de manera coordinada los segmentos adyacentes, adelantando por décadas un proceso natural de liberación energética.
Asimismo, la proximidad espacial de los focos determinó que las ondas de choque no se disiparan en el trayecto de la corteza. Los sismólogos del programa de riesgos globales confirmaron que esta compleja interactividad es esperable en márgenes continentales activos, donde los sistemas de fracturas superficiales absorben de manera simultánea el desplazamiento de las masas terrestres.
