Ricardo Darín, Guillermo Francella y otros referentes lanzaron una campaña nacional en defensa de sus derechos de imagen y voz. Advierten que, si bien existen leyes protectoras, el Poder Judicial no cuenta con la capacidad técnica para frenar las infracciones a gran escala.
El vertiginoso avance de las tecnologías de generación de contenido encendió las alarmas en la comunidad artística del país. Bajo el lema «Mi imagen, mis expresiones y mi voz son mis herramientas de trabajo», la Asociación Argentina de Actores y Actrices lanzó una fuerte campaña de concientización para exigir un marco regulatorio urgente sobre el uso de la Inteligencia Artificial (IA) en la industria audiovisual. Figuras de la talla de Ricardo Darín, Guillermo Francella, Gustavo Garzón, Marina Bellati y Valentina Bassi se sumaron activamente al reclamo, buscando instalar un debate público impostergable sobre el consentimiento digital, la identidad y la transparencia frente al espectador.
El debate no tardó en trasladarse al plano estrictamente legal. En diálogo con la prensa, el abogado especialista Lucas Bianco recordó que el artículo 53 del Código Civil y Comercial de la Nación ya establece la obligatoriedad del consentimiento previo para difundir o reproducir la imagen y voz de cualquier individuo, independientemente de la tecnología empleada. Sin embargo, el letrado encendió una luz de alerta al señalar que el verdadero conflicto es de carácter operativo: el sistema judicial argentino carece por completo de la estructura técnica y de los recursos necesarios para perseguir las infracciones de clones digitales y manipulaciones de identidad en un escenario de masificación delictiva global.
