Un relevamiento especializado advierte que un tercio de los créditos otorgados mediante plataformas digitales se encuentran en situación irregular. La imposibilidad de afrontar los compromisos contraídos y la saturación del endeudamiento familiar reflejan una crisis profunda que impide a las familias acceder a nuevos financiamientos.
El fenómeno del sobreendeudamiento se agrava por una retracción económica que afecta directamente al mercado laboral y al poder adquisitivo. Con una inflación que no detiene su marcha y una transferencia de ingresos que golpea los bolsillos, el sistema financiero detecta un incremento de 36 billones de pesos en deudas que resultan imposibles de saldar.
La situación del crédito popular muestra signos de agotamiento extremo con un 34,4% de las obligaciones en mora dentro del sector no bancario. Esta falta de cumplimiento se concentra en usuarios de billeteras virtuales, quienes utilizan estas herramientas para cubrir necesidades básicas ante la insuficiencia de los ingresos corrientes para llegar a fin de mes.
El escenario se enmarca en un contexto donde la actividad económica registró una caída del 2,6% durante el segundo mes del año, consolidando uno de los peores registros históricos. Esta parálisis afecta principalmente a sectores como la industria, el comercio y la construcción, que representan la mayor parte de la oferta de trabajo formal en el país.
Según el análisis técnico, el mercado laboral privado expulsa diariamente a cientos de trabajadores, acumulando más de 200.000 despidos desde el inicio de la actual gestión nacional. La pérdida de puestos registrados se combina con una caída del salario real, reduciendo la capacidad de ahorro y empujando a los empleados hacia el financiamiento de consumo urgente.
Finalmente, el deterioro se extiende al sistema previsional, donde las jubilaciones mínimas han perdido casi un tercio de su valor de compra comparado con el año anterior. Mientras el gasto público se retrae y la recaudación impositiva desciende, los hogares quedan atrapados en un círculo de deudas que condiciona su estabilidad financiera a largo plazo.
La fragilidad del sistema de créditos digitales expone la vulnerabilidad de los sectores que quedaron fuera del circuito bancario tradicional y hoy no encuentran salida a la mora. Sin una recuperación de los salarios reales y una estabilización de los precios, el horizonte financiero de las familias argentinas continuará bajo una presión insostenible.
