Las petroleras aplicaron incrementos de hasta el 7% en las principales ciudades de la provincia. La suba, que desactiva el breve periodo de estabilidad anunciado por YPF, impacta de lleno en los costos de transporte y eleva el valor para llenar un tanque por encima de los 120 mil pesos.
La actualización tarifaria rompe el esquema de precios que se mantenía vigente desde principios de abril. El ajuste no solo castiga el bolsillo del conductor particular, sino que genera una preocupación inmediata en los sectores logísticos por el traslado de estos costos a los productos de primera necesidad y la canasta básica regional.
En las estaciones de servicio de la ciudad, las pizarras mostraron cambios significativos desde las primeras horas de este jueves. Mientras que la nafta súper de bandera nacional se ubicó apenas por encima de los 2.070 pesos, otras petroleras privadas marcaron subas de hasta 50 pesos por litro, consolidando una diferencia notable entre las marcas.
La situación se vuelve crítica para el transporte premium, donde los combustibles de mayor octanaje ya establecieron un nuevo techo cercano a los 2.400 pesos. Este escenario obliga a los usuarios a replantear sus hábitos de consumo ante la imposibilidad de sostener los costos de mantenimiento de los vehículos de mayor cilindrada.
Para un automovilista promedio, los números son contundentes: completar un depósito de 60 litros demanda una inversión que supera los 123 mil pesos. Esta cifra refleja el acumulado inflacionario de los últimos meses, desafiando la estrategia de estabilidad que el Gobierno nacional intentó implementar originalmente para sostener la demanda interna.
El impacto económico no termina en el surtidor, ya que especialistas advierten sobre un efecto dominó inminente. Al ser un insumo transversal para toda la cadena productiva, este incremento presiona sobre las tarifas de fletes y servicios, lo que terminará reflejándose en las góndolas de los supermercados en el corto plazo.
Las autoridades locales monitorean la situación mientras crece la incertidumbre sobre posibles nuevos ajustes antes de que finalice el primer semestre del año.
