Las ventas minoristas en supermercados y autoservicios bajaron un 5,1% interanual debido a la inflación y el deterioro del salario. El informe de la consultora Scentia revela que el rubro de alimentos y bebidas lidera la retracción en el primer trimestre.
La medición nacional refleja una realidad que impacta directamente en las góndolas locales, donde el poder de compra se encuentra 22 puntos debajo de los niveles de diciembre. A pesar del auge de las compras digitales, el desplome en los canales tradicionales marca una tendencia crítica para el comercio santafesino.
Los datos de marzo exponen una caída interanual que alcanza el 8,8% en el sector mayorista y el 7% en grandes cadenas de supermercados. Esta situación se vincula estrechamente con un proceso de precarización del empleo formal que limita la capacidad de gasto de las familias trabajadoras.
Dentro del rubro alimenticio, los productos perecederos y las bebidas sin alcohol fueron los más afectados, con bajas superiores al 10%. La consultora destaca que, si bien los autoservicios de barrio mostraron una leve resistencia en alimentos básicos, la tendencia general sigue siendo negativa en todo el país.
El escenario se agrava con la pérdida de puestos de trabajo en el sector industrial, que ya suma casi 80 mil empleos menos desde finales del año pasado. Según el Observatorio IPA, la industria manufacturera atraviesa ocho meses de retracción consecutiva, lo que impacta de lleno en la economía regional.
La única variante positiva fue el comercio electrónico, que experimentó un crecimiento del 34,3% durante el último mes. Sin embargo, este aumento no logra compensar el volumen perdido en las cajas de los supermercados físicos, que representan el grueso del consumo masivo en la provincia.
Los especialistas advierten que la recuperación del sector dependerá exclusivamente de una estabilización de los precios y de la recomposición urgente de los ingresos para revertir el ciclo de endeudamiento familiar.
