Los indicadores oficiales del Sistema Integrado Previsional Argentino ratificaron un preocupante retroceso ocupacional en el territorio provincial. La destrucción del empleo formal afectó a miles de trabajadores entre diciembre y julio pasados, profundizando una tendencia negativa que repercute de forma directa en los niveles de consumo y en la actividad productiva de la región.
El volumen de asalariados privados en Santa Fe descendió hasta situarse en torno a las quinientas dos mil posiciones activas. Este reajuste del mapa productivo afecta principalmente a la industria manufacturera, la construcción y la actividad comercial, sectores que absorben la mayor cantidad de mano de obra y que hoy sufren el impacto de las políticas macroeconómicas aplicadas a nivel nacional.
La problemática acumula registros desfavorables que superan los veintiún mil empleos perdidos en el acumulado de los últimos dos años. Paralelamente, la caída de empleadores formales se evidencia en la clausura de casi mil firmas comerciales en un solo mes, reflejando el fuerte estancamiento que atraviesa el tejido empresarial en los principales centros urbanos santafesinos.
En el plano nacional, el retroceso del empleo asalariado privado alcanza cifras alarmantes que coinciden con el enfriamiento de la economía general. Mientras las variaciones en el monotributo muestran un leve incremento por el refugio en la informalidad o el trabajo independiente, la pérdida neta de puestos registrados asalariados acumula más de un año de contracciones interanuales consecutivas.
Frente a la evidencia técnica suministrada por los organismos de estadísticas laborales, el debate político se intensifica entre las metas de ordenamiento fiscal y la realidad social. La sostenibilidad del sector productivo demandará medidas específicas de incentivo para contener la sangría de puestos de trabajo y reactivar el motor industrial en las provincias del interior.
