Gonzalo Moratorio, el virólogo de 43 años elegido por la revista Nature como uno de los científicos más destacados del mundo, padece un glioblastoma cerebral agresivo. La sociedad uruguaya se moviliza con un festival masivo para recaudar un millón de dólares y costear un tratamiento experimental en el exterior, mientras el Estado le niega medicamentos.
El destino ha colocado al virólogo uruguayo Gonzalo Moratorio en el laboratorio más difícil y personal de toda su carrera: el de su propia supervivencia. Hace algo más de un lustro, su nombre recorrió los principales portales de ciencia internacionales cuando la prestigiosa revista Nature lo consagró como uno de los diez científicos más influyentes del planeta por diseñar, junto a su equipo del Instituto Pasteur de Montevideo, los test de diagnóstico nacionales que blindaron a Uruguay frente a las peores olas de contagio del Covid-19. Hoy, a sus 43 años, la comunidad que alguna vez cobijó bajo su escudo científico se moviliza bajo una consigna solidaria: «Cuando lo necesitamos, él estuvo. Ahora nos toca a nosotros».
El calvario de Moratorio comenzó a manifestarse con severidad cuando ingresó a una guardia médica de urgencia con un cuadro agudo de mareos, cefaleas intensas y desorientación. Los estudios neurológicos confirmaron un diagnóstico devastador: un glioblastoma, un tipo de cáncer cerebral sumamente agresivo y ramificado que infiltra raíces microscópicas entre las neuronas sanas, lo que provoca su recurrente reaparición. En apenas doce meses, el investigador debió someterse a dos complejas cirugías de ablación y actualmente resiste mediante un costoso esquema combinado de radiocirugía e inmunoterapia que busca entrenar a su sistema inmunitario para identificar y destruir las células tumorales.
El drama médico del prestigioso virólogo posee también un intrincado capítulo legal y económico. Debido a que el Ministerio de Salud Pública (MSP) de Uruguay rechazó proveer los costosos fármacos importados para su inmunoterapia, Moratorio debió recurrir a la Justicia, logrando un fallo a favor que obliga al Estado a suministrar transitoriamente la medicación mientras las autoridades apelan la orden judicial bajo argumentos de «equidad social». No obstante, la gran apuesta del científico está depositada en acceder a la terapia experimental Car-T (una avanzada técnica de reprogramación genética de linfocitos T) en el hemisferio norte, un ensayo clínico cuyo «ticket» de ingreso asciende a la monumental cifra de un millón de dólares, motivo por el cual se organizan festivales de música masivos en Montevideo para costear el tratamiento.
Lejos de bajar los brazos y refugiarse en el rol pasivo de paciente, el prestigioso profesor de la Universidad de la República continúa coordinando investigaciones científicas. A través de Guska, la startup que cofundó junto a la doctora Pilar Moreno, redirigió los recursos analíticos y la experiencia en evolución de virus para intentar descifrar la estructura molecular del glioblastoma y dejar un legado para futuros pacientes. Aferrado al optimismo y estimulado por el motor de ver crecer a su hija Abril, de seis meses, Moratorio sintetiza su inclaudicable postura frente al tratamiento: «Yo conozco las estadísticas, pero sé que hablan de poblaciones y no de individuos. Decidí pararme desde la esperanza».
